La disyuntiva al interior del Islam

04/Sep/2014

Infobae, George Chaya

La disyuntiva al interior del Islam

Cuando el 11 de
septiembre de 2001 la organización Al-Qaeda secuestró aviones con el fin de
atacar los EE.UU, intentó secuestrar también el mensaje del Islam. Al hacerlo,
los fundamentalistas encendieron la gran batalla del nuevo milenio. El
asesinato de más de tres mil personas inocentes en nombre de la yihad no
significó solo la antítesis de los valores del mundo civilizado, sino también
de los preceptos del propio Islam.
Cuando los terroristas
liberaron su brutalidad y salvajismo, mostraron sus fines políticos más bajos,
exactamente igual que los demagogos habían manipulado todas las religiones
antes que ellos.
Al adoptar una filosofía
dialéctica -según la cual, para efectuar un cambio hay que destrozar primero el
orden establecido- el yihadismo intenta provocar el famoso choque de
civilizaciones del que se viene hablando hace años. Mientras lo intentan, los
terroristas rompen valores de una religión noble. El daño que ocasionaron no se
limitó a Nueva York, Washington y Pensilvania. Los propios musulmanes también
se convirtieron en sus víctimas, tal y como lo vemos hoy en Siria e Irak.
Los autores de estos
crímenes contra la humanidad son aquellos a quienes el Corán describe como
“extraviados del camino verdadero”, son aquellos que denigran los derechos
humanos no solo de los que conceptualizan como sus enemigos, sino de los
musulmanes en general y por tanto no son compatibles con el Islam. Estas
personas son las que niegan la educación básica a las niñas, discriminan a la
mujer y ridiculizan otras culturas y religiones desde la ignorancia con la que
también niegan la tecnología y la ciencia en la brutalidad totalitaria con la
que refuerzan sus opiniones del Medioevo.
Durante toda la historia,
los muchos crímenes contra la humanidad han sido perpetrados en nombre de Dios,
con base a la interpretación fanática de valores religiosos para justificar
actos atroces contra la civilización. Esto es lo que está sucediendo claramente
con el accionar del fundamentalismo del ISIS en su recientemente creado
Califato de Al-Shams (Siria e Irak)
Por ello, usted lector,
debe saber que “la lucha por los corazones y el espíritu” de los musulmanes
tiene lugar hoy en día entre los moderados y los fanáticos dentro del Islam,
entre musulmanes laicos y dictadores religiosos, entre quienes viven en el
pasado y quienes desean avanzar y proyectar un futuro mejor. Del desenlace de
este conflicto depende la dirección que tomen las relaciones internacionales en
el siglo XXI. Ni dude el lector que la tercera Guerra Mundial está en marcha. A
pesar de que Occidente ni siquiera ha comenzado a librarla. Si vencen los
fanáticos y extremistas, entonces una gran fitna -desorden a través de un
cisma- se apoderara del mundo musulmán y de gran parte de Occidente.
El principal objetivo de
los fundamentalistas es el caos para instaurar sus fines. Usted tómelo o
déjelo, pero lo cierto es que lo estamos viendo claramente en la guerra civil
siria, en la crisis de Irak, en los crímenes y la persecución de los cristianos
y yazidis y, por supuesto, también en los dacapitadores del ISIS.
La importancia de la
yihad tiene sus raíces en la orden del Corán de luchar (según el significado
literal de la palabra yihad) en el camino de Dios según el ejemplo del profeta
Mahoma. Definitivamente “no” tiene el significado que los radicales le asignan.
Claramente, hoy en día
existen musulmanes que creen que las condiciones de su mundo requieren de una
yihad. Ellos miran a su alrededor y ven un mundo dominado por gobiernos
autoritarios, corruptos y por una elite acaudalada sin ninguna preocupación por
la prosperidad de sus pueblos. Estas personas también consideran que el mundo
árabe islámico está dominado por la influencia de la cultura occidental cuyos
gobiernos apoyan y sostienen gobernantes árabes corruptos, al tiempo que
explotan recursos humanos y naturales del mundo islámico.
Así, son influenciables
por una minoría violenta y ruidosa que planea una ofensiva militar contra
Occidente. Pero claramente esa minoría ruidosa no representa a la mayoría
silenciosa de musulmanes que trabaja, envía a sus hijos a educarse y creen en
lo que denominamos movilidad social por un futuro mejor.
La guerra, como en tantas
tradiciones religiosas, puede ser justificada en el Islam cuando es necesariamente
defensiva, pero no es vista como un deber religioso continuo como los
islamistas vociferan. En consecuencia, según el Corán, preservar la vida es un
valor primordial. El Corán da relevancia al valor moral de preservar la vida.
De hecho no acepta el suicidio, por el contrario, ordena la preservación de la
vida propia y ajena.
Los juristas musulmanes
desarrollaron hace años un corpus específico de leyes llamado siyyar. De allí,
se infiere una clara interpretación y análisis de las causas justas para la
guerra. Ese corpus legal indica que “aquellos que declaran la guerra
ilegalmente, atacan a civiles desarmados y destruyen propiedades
irresponsablemente, entran en violación flagrante a la concepción jurídica
islámica y son denominados muharibun (malvados).
Algunos se preguntarán si
los musulmanes pueden emplear textos antiguos para servir de explicación y guía
en el mundo moderno. Sin duda que sí, los seguidores de cualquier religión
aceptan la universalidad de su doctrina respectiva. El Antiguo Testamento o el
Nuevo Testamento no son textos destinados a servir únicamente en los tiempos en
que fueron revelados, sino en cualquier tiempo. Son y serán textos destinados a
guiarnos a través de los siglos.
Al interior del Islam se
ha dado un enconado debate respecto de cómo el Islam se relaciona con otras
culturas y religiones. Aunque el accionar del fundamentalismo islamista actual
pueda presentarlo hoy día como cerrado e intolerante, esto no es así, a pesar
que los islamistas quieren que el mundo piense de otro modo. El genuino Islam
acepta como principio fundamental el hecho de que los humanos hayan sido
creados al interior de religiones distintas y, por supuesto, que sean distintos
entre sí.
Esto queda claro en la
Sura coránica que sindica que “Dios no quiso que todos sobre la tierra fueran
seguidores de una misma religión y miembros de una misma cultura”. Si hubiera
querido eso, lo habría dispuesto de ese modo. Esto significa que Dios creó la
diversidad y ordeno a los creyentes que fueran justos, que busquen y deseen la
justicia en el mundo. De aquí se sigue que, Dios quiere que se respeten otras
culturas y religiones; las cuales también fueron creadas por Él.
La libertad de elección,
especialmente en cuestiones de fe, es la piedra angular de los verdaderos
valores coránicos. Esta libertad debe guiar hacia el pluralismo en la religión,
tanto dentro del Islam como fuera de él. El Corán afirma sin ambigüedad la
libertad de elección en cuestiones religiosas.
A mi juicio, leyendo el
Corán, quienes seguimos el cristianismo, al igual que nuestros hermanos mayores
en la fe que profesan el judaísmo, podemos encontrar pasajes que hacen eco para
ambos de enseñanzas religiosas propias.
Y estos extraordinarios
puntos en común deberían ser los que debemos explorar entre las tres grandes
religiones monoteístas para promover la mutua tolerancia a partir de la cual
trazar cursos de trabajo en conjunto para que un futuro fraterno y de paz pueda
ser construido. Seguramente a partir de esto y no de estériles batallas
militares sin final a la vista será que se pueda aislar el radicalismo que
generar fracturas dentro y fuera de cada religión.